Matar el dolor

Ella juró que la mataría. Que la próxima vez que se la encontrara de frente, le enterraría el puñal directo en el pecho, en el corazón. Para estar segura de que nunca más la atormentaría. Si alguién intentaba cuestionar su decisión, diría en su defensa que era necesario hacerlo. Aprendió rápido lo que era necesario después de rasgarse tanto la piel. Después de pasarse horas rascando una herida pequeñita, que finalmente le dejaba trozos de piel debajo de las uñas.

Por lo tanto, sabía que no tenía que pensarlo dos veces, había que matarla. Era la única manera posible de terminar con el dolor. Porque había dejado llegar al dolor hasta donde tenía que llegar, hasta que ya no podía doler más y aún así seguía doliendo. El alivio instantáneo, la búsqueda de la cura rápida para combatirlo, también había resultado una pésima estrategia a largo plazo. Por eso, una vez más, sabía que debía matarla.

Estaba segura de que no recordaría más el dolor, una vez este hubiese terminado. Lo único que queda después es una sombra, en lo más profundo de la mente, que te marca tan hondo que parece que nunca más lo vas a volver a ver, a sentir. Pero vuelve, siempre vuelve y te ataca. Por eso la tenía que matar, antes de que fuera demasiado tarde. Tenía que ahorrar estabilidad, guardarla como otros guardaban dinero, para poder usarla cuando la necesitara.

Nadie más había podido matarla, tendría que hacerlo ella misma. ¿Pero qué quedaría después de matarse a sí misma? Pues precisamente eso. Si mata a su versión dolida, por fin sería ella misma. Sería una mujer. Pero entonces ¿qué es ser una mujer? y sobretodo ¿qué es ser una mujer sin dolor? La verdad es que ella no lo sabe, y dudo que ustedes lo sepan. La respuesta vendría después del ruido de la muerte, del alboroto del adiós, cuando todo se reduzca a la nada.

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Por ser mujer

Alguien me preguntó una vez, si creía que el arte era mejor cuando salía de la felicidad o de la tristeza. Yo pensé que era mejor cuando salía de la tristeza. En realidad no tengo ni idea, no tengo ni idea del arte, de la vida, o de qué es mejor o peor. De lo único que tengo idea es de la tristeza. Y la gente me dice ¿pero por qué estás triste? tienes todo lo que necesitas para ser feliz. Y es verdad, tengo un cuerpo completo que me permite llegar a donde quiero, personas que me quieren, una casa bonita y esas otras cosas que se suponen que te tienen que hacer feliz.

Pero y qué puedo hacer. Que venga esa gente tan feliz y conforme y me saque del pecho esta sensación devastadora. Porque sí, estoy triste, joder. Y no pienso ir por la vida con la cara de felicidad simplemente porque hay mensajes en todos lados que me gritan que debo y tengo que ser feliz. Me conformo con saber que en otro plano, en otra línea de tiempo, todo está donde debe de estar, y en ese otro lugar seguro que soy feliz. Eso me da paz.

Cada vez que atravieso por un momento difícil en mi vida, teniendo en cuenta que mi vida es totalmente absurda y que todo lo que me pasa en realidad son nimiedades, pienso en otras mujeres que han pasado por lo mismo. Creo que gran parte de lo que me pasa, me pasa por ser mujer. Por ser la mujer que soy, aunque muchos se empeñen en decir que todavía soy una niña, por haber crecido de la forma en que lo hice, por lo que me enseñaron y por lo que mis ojos tuvieron que ver sin decisión alguna.

Cuando sufro, de la manera que lo hago, pienso en esas mujeres. En las que ya pasaron por lo mismo y lograron superarlo. Busco información, busco personas, busco libros, busco historias con narrativas similares a la mía. Ellas y sus historias son mis ejemplos, me ayudan y me dan la fuerza que necesito. Porque aunque siempre he querido salir de todo sola, tengo que confesar que no puedo. Que en esos momentos, más que nunca, necesito a mis hermanas. Agradezco infinitamente a las que han estado ahí.

Nunca he de entender, o tal vez sí, por que amar te deja tan desvalida. Aplicar las herramientas que el feminismo me ha dado resulta útil, pero siempre llega un momento donde la ausencia, sobretodo la ausencia, me deja un dolor que a duras penas puedo soportar. Pero lo soporto, porque lo intento con todo lo que soy y al fin y al cabo lo logro. Como todo. Pero me queda el mal sabor de la distancia, de cómo las personas entran y salen de tu vida, como si esta fuera una feria de pueblo. Y se van, siempre se van, todos se van. Como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, como si fuéramos eternos. Pero es tan natural, que sé que no podría ser de otra forma.

Virginia Woolf escribió en uno de sus diarios: ‘El futuro es oscuro, que es, en general, lo mejor que el futuro puede ser, creo’ Como Virginia Woolf que ni siquiera estaba segura de su propia afirmación, yo también lo pienso, creo. Porque prefiero pensar al menos que no le tengo miedo a esa oscuridad. Que ahora  mismo estoy allí de pie en medio de las tinieblas, pero que no necesito adivinar lo que va a venir. No necesito el falso optimismo y entusiasmo, porque puedo una y mil veces atravesar la oscuridad.

Y hablando del futuro, que me perdone la Marcela del futuro que va a leer esto y se va arrepentir. Pero es que ya no quiero pensar en el futuro, mi momento es ahora, y ahora no puedo escribir sobre mi feminismo, sobre temas importantes, ni una historia que valga la pena, ahora el cuerpo me pide escribir sobre mi estúpida tristeza. Me quedo con la confianza que le tengo al universo y sus energías, que hace que todo siempre resulte en el lugar y el tiempo adecuado. Confío en la temporalidad circular, en el eterno retorno a quien de verdad somos. Pienso en los otros planos, en todos mis yo que están haciendo otras cosas, estoy orgullosa de todos ellos y del de este plano también. Por salir de este cuerpo, lleno de picaduras, aunque sea de vez en cuando.

Las mujeres en mi vida

A menudo la gente se aterra al escuchar la palabra feminismo. A lo mejor se creen que son un montón de mujeres locas. O tal vez piensan que las feministas odian a los hombres. Nada más lejos de la realidad. La realidad es que a esta sociedad le falta educación feminista, diversa e interseccional y por eso, es difícil para muchos comprender de qué se trata realmente el movimiento de mujeres. Sin embargo, no es tan difícil para quién en realidad tiene la intención de entenderlo. A veces ni siquiera hay que ir muy lejos, con abrir un poco los ojos, basta.

Feminismo es las mujeres que quieren vivir su vida como les plazca. Feminismo soy yo, pero lo es también la mujer que está a mi lado y es totalmente diferente a mí. Veo feminismo todos los días de mi vida. Veo feminismo en las grandes activistas como Mercedes Hernandez, fundadora de la Asociación de Mujeres de Guatemala. Gracias a ella y a mi amiga Cristina Rodríguez me atreví a participar en una performance para denunciar la violencia de género.  Caminar por las calles de Madrid vestida de novia, para advertir sobre la idea del amor romántico, ha sido una de las experiencias más bonitas que he tenido.

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Veo feminismo en mi mamá que ha tenido la vida más dura que he podido conocer, pero que aún así sigue luchando. Vi feminismo en ella el día que decidió dejar a mi papá, para estar más tranquila y vivir más feliz.

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Vi feminismo en mi abuelita, que aunque ya no está, me enseñó lo que es ser fuerte y eso siempre me acompaña. Fuerte porque nunca necesitó un hombre a su lado y estoy segura de que consiguió todo lo que quiso. Fuerte porque el amor que me dio y me enseñó fue tanto que aún lo siento cada día de mi vida.

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Veo feminismo en mi amiga Evelyn (aunque yo la llamo Lupita) que creó su marca de ropa Reina Canalla y se la pasa haciendo cosas increíbles con sus manos. Veo feminismo en ella porque es una mujer empoderada, emprendedora y sin pelos en la lengua.

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Veo feminismo en mi amiga Raquel, que contra todo pronóstico se mudó a vivir a otro país. Lo hizo para crecer y buscar su felicidad. Y aunque ella no lo sepa es más fuerte de lo que se imagina y yo me siento muy orgullosa de todo lo que ha conseguido.

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Veo feminismo en mi amiga Criss. Ella es una de las personas más imparables que conozco y ahora recibe con ilusión y brillo en los ojos la etapa de la maternidad. Escucharla hablar de ello, de sus ganas, de sus nuevos conocimientos, me hace saber, sin duda, que será una gran madre.

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Veo feminismo en todas mis amigas, aunque aquí no las mencione, porque salen todos los días a un mundo que es horrible para nosotras y luchan por lo que quieren, trabajan por sus objetivos y no se dejan derrumbar por nada. Veo feminismo en muchas mujeres a mi alrededor que tienen proyectos e ideas maravillosas y las sacan adelante, porque realmente tienen intenciones de aportarle algo a la sociedad y lo hacen. Veo feminismo en los gestos de mujeres que no conozco pero que me ayudan a crecer y me inspiran a ser mejor. Hoy hago un pequeño tributo a todas ellas, porque nos necesitamos las unas a las otras, porque deberíamos estar juntas siempre aunque seamos muy diferentes.

Cuando las mujeres se reúnen y se apoyan las unas a las otras, cosas increíbles pasan.  Feminismo somos todas, porque al fin y al cabo, hay tantas visiones de feminismo como hay mujeres en el mundo. El resultado es diverso y maravilloso,  sólo debemos actuar como una hermandad.

Cállate y escucha

Llevo un buen tiempo queriendo escribir sobre feminismo. Cada vez que me siento en frente de la pantalla, algo me bloquea. Tengo una lista larga de temas que en los que quiero profundizar. Cosas nuevas que aprender, desaprender, discutir y difundir. Hay mucho dentro de mí, pero sigo bloqueada.

El feminismo es una parte importante de mi personalidad. Intento que mi visión del mundo sea siempre feminista porque es una herramienta que me protege y me fortalece. Me he auto educado, he aprendido de situaciones que he vivido y también he aprendido de otras compañeras. De esta forma, todo es más sencillo de analizar, veo la violencia y las injusticias que sufren las mujeres, identifico fácilmente nuestra posición en el mundo y cómo somos vistas a través de los ojos del patriarcado. Es maravilloso pero es increiblemente frustrante también.

Frustrante porque me doy cuenta que para mí es fácil identificar la horrible situación que viven las mujeres día a día. Pero esto es prácticamente invisible para la mayoría de gente. Completamente invisible. Desde el machismo más ‘sútil’ hasta las más violentas agresiones y el feminicidio. No hay un sólo día que no haya una noticia horrible sobre machismo. No hay un sólo día en que una mujer no muera a manos de un hombre. Sin embargo lo único que se escucha ahí fuera es que las mujeres queremos hacernos las víctimas, que el machismo ya no existe, que estamos loquísimas y una larga lista de absurdos.

Frustrante porque de verdad no sé cuál es la formula efectiva de reclamar la propiedad de nuestra vida y de nuestros cuerpos. Mi vida y mi cuerpo son míos y punto. Mis decisiones no son para que tú las comentes con tus amigos y las critiques, ni mucho menos para que deliberes con superioridad moral lo que es mejor para mí. Mi cuerpo me pertenece, no es un objeto para tu placer, para que me toques sin consentimiento, no existo para que me mires y me sexualices, no importa cómo vaya vestida, ni que suba fotos con poca ropa en Instragram.. No soy trofeo de nadie, no soy ‘la novia de’, mi existencia no la define nadie más.

Suena todo tan básico y lógico pero la mitad de la población no lo entiende. Nos obligan a gritarlo en forma de súplica, como si eso fuera justo. Encima el Estado lo sigue normalizando y justificando. Nos sigue culpando a nosotras, nos sigue pidiendo que no caminemos solas por las calles, nos siguen pidiendo que renunciemos a una vida normal.

A pesar de todo esto y para colmo, se quejan de que estemos enojadas, de que salgamos a las calles, de que reclamemos lo que es nuestro. Honestamente yo a veces me canso de hacerlo. Es una pelea que no tiene fin, tengo que tener siempre cuidado, discutir, cuidarme, ser consciente. Pero por más que quiera explicar mis razones, hay oídos que simplemente no quieren escuchar.

No puedo llegar a una conclusión. ¿Cuál es la conclusión? Si crees que todo está bien, por favor reacciona. Escucha a las mujeres de tu alrededor, lee, estudia, edúcate. Deja de mirar a las mujeres por la calle, deja de gritarles cosas, respeta cuando te dicen NO, no las toques sin consentimiento, no las violes, no las mates, deja de enviar fotos de mujeres desnudas por whatsapp, deja de creerte superior, deja de opinar como si lo supieras todo, cállate y escucha, por favor escucha.

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¿Estoy contaminada del feminismo blanco?

El pasado 1 de octubre tuve la oportunidad de escuchar una charla llamada Disidencias sexuales y afro-feminismos a cargo de Esther Ortega y Yos Piña, dentro del marco del Festival Afroconciencia 2017 que se celebró en el Matadero de Madrid. Los temas que se tocaron en la charla fueron variados, entre ellos estaban la sexualización de la mujer negra, cómo se sentía la comunidad de mujeres negras dentro de la sociedad europea, el racismo, entre muchas otras cosas. La información que allí pude obtener fue valiosa y me hizo reflexionar.

En un momento de la charla las ponentes mencionaron cómo muchas veces, sin darnos cuenta, nos ‘contaminamos’ del feminismo blanco. Esta afirmación fue precisamente la que me hizo pensar más. Mencionaron específicamente textos como El segundo sexo de  Simone de Beauvoir y cómo después de leerlos creemos que ahí termina todo. Honestamente, El segundo sexo es una de las obras feministas que más me ha impactado y la obra en general de Simone de Beauvoir me gusta mucho; pero es verdad que ahí no termina todo.

Todas las mujeres somos diferentes, venimos de sitios diferentes, hemos crecido de forma diferente y aunque algunas somos víctimas de las mismas desigualdades es verdad que hay ciertas situaciones que afectan distinto dependiendo al grupo de mujeres al que pertenezcas. Lo que quiero decir, con más claridad, es que no es lo mismo ser una mujer europea que ser una mujer negra, por ejemplo. Dependiendo del sitio en el que vivas y del grupo social al que pertenezcas tu privilegio será mayor o menor. El mundo es muy grande y hay mujeres en todas partes, por lo tanto hay una gran diferencia de privilegios entre unas y otras.

Ahora voy a hablar de mí, porque mi percepción del mundo está construida a través de mi propia experiencia como mujer. Soy sudamericana, nací en Colombia hace 25 años y viví allí hasta los 17. A esa edad me mudé a vivir a Madrid indefinidamente. Por lo tanto, en mi vida hay una mezcla de dos culturas, de dos realidades diferentes. Sin embargo, hay algo en común entre estos dos entornos en los que he vivido y crecido: el machismo. Existe el machismo en Colombia como existe el machismo en España. Pero cuando yo vivía en Colombia no sabía lo que era el feminismo, mi educación feminista surgió en Madrid.

Pongo mi propio ejemplo no por egocentrica, sino para explicar algo específicamente. El entorno en el que he adquirido esa educación feminista de la que hablo ha sido un entorno blanco y europeo. De lo que me di cuenta ese día en la charla del Festival Afroconciencia es que, para bien o para mal, las bases de mi feminismo provienen del feminismo blanco.  Esta cuestión me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas. No es que yo sea totalmente indiferente a otras formas de feminismo, para nada. De hecho siempre he defendido la importancia de la interseccionalidad y me interesan muchos aspectos del tema. Pero hablando sinceramente, debo de decir que soy mucho más familiar con las grandes feministas blancas y que he absorbido muchas ideas provenientes de ellas. El cine y la televisión no se quedan atrás. Gracias al boom que ha tenido el feminismo como tema de moda para algunas grandes empresas, también he consumido muchos productos que muestran una realidad feminista de chicas blancas de clase media alta.

Por ejemplo, yo también vi la serie Girls y pensé que era de suma importancia para las mujeres de nuestra generación y hasta me sentí identificada con algunas de las situaciones que se mostraron en la serie. Esto no está mal, algunas de esas situaciones pueden ser familiares para mí pero la verdad es que yo no soy una chica de clase media alta que vive en Nueva York. Tal vez puede que me sienta identificada porque el entorno primermundista en el que vivo actualmente me pone en situaciones similares, porque mi realidad está mezclada. Pero como siempre, todo va un poco más allá, todo tiene que ir un poco más allá.

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No voy a hablar ahora de la situación de las mujeres no blancas, de sus sufrimientos y de las duras desigualdades que sufren porque aunque conozco muchas de ellas, aún me falta mucho por aprender. Quiero iniciarme en la misión de saberlo todo y llegar a comprender mucho más de lo que mis fronteras me lo permiten. Es necesario que lo haga, es un acto de sororidad que hacía ya tiempo rondaba mi cabeza.

Lo que sí me gustaría decir es que el hecho de que las mujeres blancas tengan más privilegios no hace que no sufran desigualdades o que estas sean menos importantes. La verdad es que ser mujer no es fácil en ninguna parte del mundo y las diferentes realidades que viven las mujeres deben ser siempre válidas sin importar de dónde vengamos. Debemos ayudarnos y cobijarnos las unas a las otras.

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Por mí y por todas mis amigas

Escribo por mí y por todas mis amigas. Por todas las veces que hemos llorado juntas y por todas las veces que hemos llorado solas. Porque cuando éramos niñas no nos enseñaron cómo era el mundo de verdad. Nos mintieron, nos engañaron.

Escribo por todas las veces que nuestros padres llegaron borrachos y maltrataron a nuestras madres. Escribo por las veces que íbamos caminando por la calle y un hombre nos faltó al respeto. Escribo por las veces que dijimos que NO pero no lo entendieron. Escribo por la veces que en la cama pedimos que pararan y no lo hicieron. Escribo por las veces que un ”amigo” se metió en nuestra cama y nos tocó sin consentimiento. Escribo por las veces que nos agredieron sexualmente en un ascensor, en la calle, en una discoteca, en un portal. Escribo por todas la veces que nos hicieron pensar que nuestros cuerpos no eran suficiente. Escribo por todas las veces que nos hicieron sentir que estamos locas, muy locas. Escribo por todas las veces que nos hicieron creer que no somos capaces. Escribo por todas las veces que nos juzgaron por ser madres, por abortar, por follar con quién queríamos, por hacer lo que se nos daba la gana. Escribo por todas las veces que nos han hecho daño y nos han dado la espalda muertos de la risa. Escribo por todas las veces que una mujer murió a manos de hombre. Escribo por mí y por todas mis amigas, porque estamos cansadas, porque no sabemos qué hacer. Queremos que nos respeten, queremos igualdad, queremos que nos dejen vivir, queremos ser libres.

Todos mis yo en el tiempo y el espacio

 

Qué difícil diferenciar entre el yo literario y mi miserable yo. Pobre de mí que no salgo de mi cuerpo, el miedo me tiene encerrada. Siempre quise escribir algo que valiera la pena, una sola pieza, que no tuviera ni la más mínima remembranza de mi vida; mi corta y absurda vida. Pero el yo creativo habita dentro de los confines de mi enredada y oscura, muy oscura, mente.

No conozco mejor sensación que salir del cuerpo. Viajar a otro lugar, a ese lugar, cualquiera que sea. En ocasiones luminoso, en ocasiones demasiado oscuro y tenebroso, pero al fin y al cabo, ese lugar, otro lugar. Salir de la experiencia cotidiana temporal habitual es necesario pero no siempre posible. El tiempo y el espacio se convierten en términos complejos, en estados reales que hacen que un minuto pueda durar días y que días puedan ser sólo un minuto.

Mi yo cotidiano suele vagar entre el pasado y el futuro, mi yo literario se queda mirando, mi otro yo me sigue esperando. Todo es cuestión de paciencia, a cualquier lugar se puede llegar si alguna vez todos mis yo se encuentran. Evadirlos también es una opción para callarlos y convertirlos en uno solo para viajar en el tiempo. No parece posible, pero puede pasar.

Sincronizar todos mis tiempos calmaría mi mente, pero el tiempo de la mente y el tiempo del reloj no se llevan bien y es por eso que todos mis yo viven a destiempo en espacios diferentes.